Con la aprobación por parte de la reina de esta nueva feria, surgió la duda de dónde ubicarla. Había que tener muy en cuenta la previsión de visitantes. Se encontró un lugar idóneo, aunque a extramuros de la ciudad.

Un paraje donde en otros tiempos se encontró el cementerio de los pobres, llamado el Prado de San Sebastián.


El lugar había servido como quemadero para la mayoría de las víctimas condenadas a la hoguera, acusadas de pecar contra la fe durante la cruel existencia de la Santa Inquisición.

Pese a su notable crecimiento y falta de espacio, la feria mantuvo su primitiva ubicación durante ciento veinticinco años, hasta 1972.

Como curiosidad, en 1929 y 1930, coincidiendo con la celebración de la Exposición Iberoamericana, la feria se extendió al recinto de la exposición, debido al encontrarse en terrenos contiguos.

El recinto de la feria se encuentra ubicado desde entonces en el barrio de Los Remedios, al final de la calle Asunción. Sin poder crecer desde hace años, se dice que no existe en Sevilla ningún espacio, no inundable, donde pueda ser reubicada.

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