La situación que vivieron, especialmente, las residencias de ancianos durante la pandemia fueron muy complicadas principalmente por la falta de medios y protocolos.

Hoy nos trasladamos hasta una de esas residencias en las que los trabajadores debían afrontar esas intensas jornadas, pero sobre todo la muerte de muchos ancianos residentes.

Julián fue una de las víctimas de esta residencia. Su habitación era la número 111. Era habitual recibir avisos desde la habitación de Julián, ya que, debido a su delicado estado de salud, requería la presencia del personal, que estuvo hasta sus últimos momentos atendiendo y cuidando al octogenario.

Una mañana de primavera Julián falleció y su habitación quedó vacía a la espera de un nuevo inquilino. Sin embargo, las circunstancias hicieron que las entradas en residencias tardasen más que en una situación normal.

Los trabajadores de la residencia, pocos días después del fallecimiento, recibieron un aviso para acudir a la habitación 111, a pesar de que se encontraba completamente vacía. El sudor frío y lo extraño de la situación les heló la sangre, pero lo achacaron a un error del sistema. Además, para apagar el pulsador había que ir hasta la habitación. Fueron varias veces, en distintos días, los que el pulsador envió el aviso. A pesar del escalofrío que producía cada vez que sonaba, ninguno de los trabajadores vio nada más que el pulsador encendido.

A pesar de que la habitación tardó varios meses en acoger a otro usuario, la habitación 111 no estuvo completamente vacía durante ese tiempo…

Historia para no dormir. Sevilla de Miedo. Gracias Santi

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