Su origen tiene lugar en los primeros Vía Crucis, desfiles realizados desde el siglo XIV. El más conocido es el que instauró el Marqués de Tarifa en 1521, después de viajar a tierra santa.

Fadrique Enríquez de Ribera, que residía en la Casa de Pilatos, había quedado tan impresionado del Vía Crucis que se organizaba en Jerusalén, que comenzó a celebrarlo en Sevilla cada primer viernes de marzo, partiendo desde su residencia hasta el monumento de la Cruz del Campo.

Monumento de la Cruz del Campo

Este recorrido simbolizaba los 997 metros que Jesús realizó desde el Palacio de Pilatos, en el.que fue juzgado Jesús, hasta el monte Gólgota o Calvario, donde fue crucificado. En un primer momento, las protagonistas eran las personas, que realizaban el recorrido azotándose con un flagelo, un instrumento formado por una vara y cuerdas anudadas, quedando las imágenes, generalmente crucifijos, en un segundo plano. Esto va cambiando, adquiriendo cada vez más protagonismo las imágenes y escenas que narran las catorce estaciones que componen el Vía Crucis.

En 1604, se decide que todas las cofradías realicen estación en la Catedral, y hasta 1873 siguieron procesionando hasta la Cruz del Campo. Durante el siglo XIX sufrió varios altibajos aunque se convirtió en un atractivo turístico. En el siglo XX la situación política hizo que viviera sus peores años y en la democracia fue declarada fiesta de interés turístico internacional.

Oficialmente comienza el Domingo de Ramos y culmina el Domingo de Resurrección. 60 hermandades realizan estación de penitencia hacia la Catedral, aunque previamente, en vísperas, el Viernes de Dolores y el Sábado de Pasión, procesionan una docena de hermandades por distintas zonas de la ciudad. Los días más relevantes para la Iglesia son el Jueves y el Viernes Santo, aunque en la ciudad destacan el Domingo de Ramos y la Madrugá.

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