Las luces y adornos navideños son elementos clásicos de decoración en estas fechas. Las dos tradiciones más famosas son el Belén y el árbol de Navidad.

Según parece, el Belén tiene sus orígenes en 1223, cuando por primera vez se representó en Europa el nacimiento de Jesús. Sucedió en una cueva, en Italia. San Francisco de Asís, compuso un nacimiento únicamente con un buey y una mula verdaderos, sin incorporar figuras humanas.

La mula y el buey
San Francisco de Asís

En España, los Belenes comenzaron a ser tradición navideña en el siglo XVIII, cuando el rey Carlos III de España (VII de Nápoles y Sicilia), animó a los aristócratas a que instalaran un nacimiento en sus casas.

El árbol tiene un origen más antiguo, antes incluso del cristianismo. Parece provenir del culto que los celtas rendían cada diciembre al dios del sol y la fertilidad. El ritual se hacía en los bosques, en torno a determinados árboles que simbolizaban el universo.

Cuando se evangelizó el continente después de Cristo, estas costumbres paganas fueron desapareciendo o cambiando. Según una leyenda, San Bonifacio cortó uno de estos árboles y plantó un pino en su lugar que al ser perenne representaba el árbol del Paraíso y el amor de Dios.

Los adornos originales eran manzanas y velas, metáforas del pecado y de la luz de Jesucristo. Ya en el siglo XVII, en Estrasburgo, empezó la costumbre de decorar los abetos, extendiéndose por toda Europa. Las manzanas y las velas se cambiaron con el tiempo por bolas rojas y luces eléctricas.

Por cierto, si te cuesta elegir entre ambas cosas o tienes poco espacio en casa, aquí tienes una idea para fusionar dos de los símbolos más navideños.

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