Cada 2 de diciembre el Monasterio de Santa Inés abre sus puertas para mostrar en el coro el cuerpo incorrupto de una de sus fundadoras, Doña María Coronel, que da nombre además a la calle donde se sitúa el convento.

Este fue fundado en 1374 por las hermanas Coronel en el mismo solar donde había estado su casa familiar.

El rostro de María Coronel está desfigurado por el aceite hirviendo que ella misma se lanzó para escapar del acoso del rey Pedro I de Castilla, obsesionado con su belleza, tras asesinar a su padre y a su marido, y encerrar a su hermana, todo por tener el control del poder.


Además de visitar la capilla del convento para la ocasión, en las instalaciones anexas al patio se encuentra el torno desde el que las monjas venden los pasteles que producen de manera artesanal, con los que se financian.

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